Jugar i jugar castellà


diciembre 20, 2011, 8:03 pm
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Especial Jugar i Jugar

Navidad 2011

La Navidad es un tiempo de gran intensidad. De movimientos externos, de relaciones y de fiesta. Y de intensidad emocional, con rituales de textura densa, que amplifican a la vez las rugosidades del alma y la generosidad de las manos, que reciben y dan, brindan y acompañan más que nunca.

Claudio Sourrue

Todo parece cada vez más complejo en el revestimiendo de estos días. Posiblemente, tiempo atrás, hasta los deseos de los niños y niñas eran más simples. Una muñeca. Un camión. Un circuito de tren. Hoy, nuestros hijos e hijas nos piden una muñeca concreta con nombre comercial, o los pequeños monstruos de esa marca, y la confusión entre exigencia y deseo, entre ilusión y responsabilidad, crece en muchas familias. Algunas veces, se desviven por ese producto tan publicitado, y lo acabamos comprando: poco después, comprobamos que no les interesa tanto, y tenemos la tentación de reprocharlo (cómo, ¿y ahora no juegas? Si fuiste tú quien no paró de pedirlo!), como si los adultos necesitásemos el resultado de verlos usándolo para sentirnos recompensados, y el juego, tristemente, se convirtiera en una exigencia más.

Las madres y los padres somos los que observamos, conocemos y sabemos qué necesitan los pequeños y pequeñas. También en Navidad. Tenemos que encontrar la manera de ofrecerles algunos objetos de calidad, que alimenten su crecimiento, su salud y su alegría…y que nos permitan, a nosotros y nosotras, estar en paz con las decisiones que tomamos. Y no sólo eso. Necesitamos sobretodo inventar personalmente nuestra Navidad: los ambientes, los rituales que queremos vivir; las tradiciones familiares que queremos crear; lo que merece la pena y lo que es accesorio; lo que nos nutre y lo que nos empacha. Lo que queremos compartir de verdad, sabiendo que quedará fijado en su memoria y en la nuestra, como patrimonio íntimo de vivencias.

Porque lo que ilusiona de verdad no es el modelo exacto de muñeca de moda, sino la magia. Que todo suceda como por arte de encantamiento. Que alguien haya esparcido un rastro de polvo dorado de la entrada hasta el salón. Que, al levantarnos, la cocina esté limpia y ordenada, con flores frescas sobre la mesa, y una casita hecha de sábanas haya aparecido en medio del comedor. Que misteriosamente, cuando estamos juntos, suene el timbre y al abrir la puerta encontremos una gran cesta con leña, piñas, carbón… y nuestros dulces preferidos. La Navidad de dentro es este pacto, este acuerdo que establecemos los adultos entre todos, y sobretodo con nosotros mismos, para reinventar la maravilla, la sorpresa, la fascinación dibujada en los rostros de los pequeños y pequeñas. Este tiempo de tregua para volver a sentirnos, a mirarnos, para mimar nuestros pequeños círculos afectivos.

Claudio Sourrue

Que tengamos una Navidad más nuestra, más personal y más rica.

Que sea un tiempo de agradecimiento y de mirada tranquila, para poderlo ver con los ojos del corazón.

El equipo de Jugar i Jugar

Navidad 2011



diciembre 17, 2011, 8:36 pm
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Hablamos de nuestros productos

Frida’s Tierchen:

hecho con las manos, hecho con el corazón

Esta es una iniciativa de las que nos roban el corazón. Una idea personal de una creadora, con una propuesta de producto artesano, de un diseño exquisito que apela a la sencillez, los materiales naturales y el juego abierto y libre. La elaboración es a mano, y con materias primas como la lana, el algodón y el fieltro, seleccionados por su gran calidad, que hacen de estas muñecas un auténtico placer para nos sentidos.

La artista responsable de este proyecto es María Salamanca, que conocemos hace algún tiempo. Dió forma a esta idea mientras esperaba a su hija, pensando en ofrecerle una muñeca de diseño cuidado y de carácter suave, que invitase al juego personal y creativo, y pudiera acompañarla durante mucho tiempo.

Frida’s Tierchen incluye muñecas que representan a una madre embarazada y a una madre con su bebé, y permite recrear los procesos del embarazo, el parto y la lactancia, por medio de una panza (llena o vacía), de un cordón umbilical que une la madre con el bebé, y de unos pequeños imanes en el interior del tejido, que facilitan la representación de la lactancia materna.

Nos encantan las muñecas de María. Nos parecen exquisitas tanto para el juego de los niños y niñas como para el puro placer de los adultos. Valoramos la riqueza de estas creaciones, pero también las condiciones de producción: porque apoyando a los pequeños artesanos que trabajan con tanta pasión como calidad, y comprándoles su producto, también apostamos personalmente por impulsar cambios hacia una sociedad más amorosa, justa y sostenible.

Claudio Sourrue



diciembre 11, 2011, 11:53 am
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Delicatessen

Mira lo que he hecho: un árbol de otoño


Anna Ortiz



diciembre 4, 2011, 5:27 pm
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Delicatessen

Prohibido subirse a los árboles

victor.ramos

“¡Hay una escuela que permite a los niños y niñas subirse solos a los árboles del patio!”.

No me cuesta mucho imaginar un titular como éste en las portadas de los periódicos en un futuro próximo, porque los juegos a los que tienen acceso nuestros hijos son de bonitos colores, pero tan domesticados que no estoy muy seguro de que merezcan el nombre de juegos.

Hoy el juego debe tener absolutamente garantizada la seguridad. Que ningún niño o niña se pueda hacer daño. Pero de esta manera estamos negando a las criaturas la posibilidad de la experiencia aventurera. Entiendo perfectamente que los maestros quieran ser previsores para ahorrarse problemas en caso del más pequeño accidente, pero me pregunto si un niño que no ha tenido ninguna posibilidad de romperse un brazo ha disfrutado realmente de una infancia. Me viene a la mente ahora el niño Pío Baroja soñando con el mar desde las ramas más altas de un árbol, en un parque de Pamplona. Al regresar a casa leía Werther, Robinson, La Isla Misteriosa, y armaba una auténtica esquadra de barcos de cartón que botaba en una fuente cercana a su casa. A mi me hubiera gustado –recuerda en sus memorias- ser como Robinson Crusoe, y cuando tenía esta aspiración me subía, al anochecer, a mi árbol y soñaba con islas desiertas”.

Hoy ningún árbol puede competir en atractivos con la pantalla de un ordenador. Quizá la pantalla sea el camino hacia el futuro, pero entonces ese futuro lo veo lleno de personas sedentarias, torpes y con sobrepeso, que jamás se han subido a un árbol. Probablemente tendrán acceso a todo tipo de imágenes, pero no se habrán hecho suya ninguna, mientras, sentados sobre la rama de un árbol, balancean sus piernas sobre el vacío.

Gregorio Luri es Doctor en filosofía y educador

Publicado en el suplemento Criatures del periódico ARA (12 de noviembre 2011).

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