Jugar i jugar castellà


agosto 31, 2010, 2:21 pm
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Delicatessen

Recolectores de tesoros


Foto de A. Ortiz


Caracoles vacíos. Caracoles llenos. Hierbas de todo tipo. Conchas. Cáscaras. Flores. Piedras raras. Piedras menos raras. Ramas y ramitas. Cantos rodados. Hojas de formas curiosas. Algas. Algarrobas secas. Bolas de plátano. Pequeños insectos (muertos, y aún así, inquietantes). Piñas. Cáscaras de almendra. Capullos de oruga vacíos. Dátiles de palmera. Trozos de corteza de árbol.


Durante estas vacaciones, los pequeños me han ofrecido una y otra vez exposiciones muy personales de sus tesoros, recogidos día tras día y de allí por donde hemos pasado. Imposible no quedar seducida por su capacidad recolectora y por su empeño por llevarse, de alguna forma, un pedazo de cada lugar dentro de un cazo, de un vaso, de una cesta.


Ellos toman fragmentos de los paisajes como de las vivencias, y por eso recogen elementos vinculados a los lugares y se los llevan. A veces, custodiamos atentamente los tesoros de aquí para allá y, cuando por fin estamos en casa, observo que pasan los días sin que los utilicen o los incorporen a algún juego. ¿Por qué, entonces, tanta insistencia en recogerlos y llevárselos, si luego no les dan ningún uso?, me pregunté durante un tiempo.


Ahora me parece que no se trata tanto de la continuidad como del mismo hecho de recoger, tomar, conservar un trozo del día vivido en forma de elemento del paisaje, sea cual sea. Por eso, más allá de la propia recolección, del placer de seleccionar y de sentirse rico con el tesoro encontrado, no hay nada que lo haga imprescindible. Parece ser suficiente haberlo encontrado, asociarlo a lo que allí hemos vivido y llevárselo incorporando esa vivencia de forma concreta, física.


Foto de A. Ortiz


Los que ahora somos adultos también vivimos, probablemente, este placer infantil del hallazgo, considerado maravilloso. Lo era; diferente, especial, único para nosotros. Para el cesto. Para el corazón. Para casa.


Quién sabe si regresamos con algunos tesoros, de este tiempo de verano. Tesoros como señales o registros de los días vividos. Que al empezar el nuevo ciclo tardoral, nos hagan cierta compañía.


Anna


Foto de A. Ortiz

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