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Para nosotras ha sido un placer colaborar en la elaboración de este artículo. El resultado no podía gustarnos más y nos apetece mucho compartilo con vosotros.
Kireei, 21 de marzo de 2012
La estética en la escuela
Si crees que rodearse de cosas bonitas no es una frivolidad y que la estética no es solo una cuestión de forma sino de fondo, no un tema superficial sino una declaración de principios de largo alcance, entonces estarás de acuerdo en que esto también es cierto para los niños.
Decía Francesco Tonucci en una reciente conferencia que la escuela debería proporcionar un entorno rico, que solo entrar allí fuera ya un acto educativo, y que los espacios deberían ser adecuados con el mismo criterio y cariño con el que decoramos nuestras casas. Todos nos sentimos mejor si nuestra casa nos parece bonita, siempre es más agradable trabajar en un entorno acogedor y, sin duda, todos intentamos personalizar y mejorar los espacios en los que nos movemos.
Después de oir a Tonucci decido hablar con las dos personas que más saben de juego infantil que conozco para preguntarles acerca de la importancia de la estética en los juguetes – que, al fin y al cabo, son las herramientas de trabajo de los niños – y en los espacios de juego y aprendizaje.
Carmen y Claudia, de Jugar i Jugar, me explican que la estética de los juguetes es importante: “Tienen que ser agradables a la vista, sin colores estridentes y preferiblemente de materiales naturales. Esto liga con la funcionalidad, porque una estética simple cede el protagonismo al niño. Además, la estética es importante por dos motivos más. Uno, igual que hacemos los adultos, es más fácil tratar con cuidado y aprecio aquellos objetos que nos gustan. Y dos, si a nosotros nos gustan los juguetes de los niños, transmitimos un respeto y cariño hacia estos objetos que harán que ellos los vean con otros ojos y los vivan y jueguen de otra manera.”
También insisten en la importancia de la disposición de esos juguetes en el espacio, en función de cuatro criterios principales:
- El orden: “Es la base de un espacio armónico, y facilita que los niños se puedan responsabilizar de él y mantenerlo con autonomía. Tres son los elementos clave: la cantidad (limitada), la facilidad para ordenarlos y la disposición.”
- La flexibilidad: “Los espacios deben adaptarse a las necesidades de los niños y adultos que los habitan. La flexibilidad facilita plasticidad en la actitud y la generación de ideas. Un espacio flexible nos habla de personas flexibles a su cargo”.
- La autonomía: “Poder acceder a los materiales libremente permite satisfacer la necesidad interna de exploración, descubrimiento y aprendizaje de los niños y niñas. De esta forma no solo respetamos sus necesidades sino que además favorecemos un aprendizaje mutuo, porque el profesor o acompañante recibe constantemente mensajes de las necesidades de los niños”.
- Diversidad de materiales: “Dentro del aula deberíamos poder encontrar materiales de diferentes áreas de interés o incluso de exigencias curriculares. También es importante mencionar que de una misma área conviene que haya al menos dos o tres materiales distintos porque no todos los niños responden igual a todos los materiales.”
Esto, que es válido para casa, me lo cuentan pensando en la escuela y me resumen así su visión de la importancia de la estética en ese espacio:
“Cuando entramos en un aula, igual que cuando entramos en una casa, podemos recibir mucha información de las personas que viven en ella. En el aula lo vemos por el tipo de materiales, la decoración, el orden, la disposición del mobiliario, los trabajos infantiles expuestos, el uso de mesas y sillas…
Espacios y materiales no son indiferentes ni para los niños ni para los adultos. Sabemos que las características de los materiales influyen en el aprendizaje, en las conductas, las relaciones, las sensaciones y sentimientos que se despiertan.
Los niños y niñas aprecian lo mismo que los adultos: espacios amplios, bien ventilados, luminosos, no cargados. Cuando un espacio respira y es agradable los niños se encuentran mejor y pueden concentrarse más rato
Diferentes pedagogías que han hecho un trabajo profundo al respecto basan buena parte de su filosofía en la importancia de los espacios. Así, la pedagogía Reggiana nos habla de espacios para ser y estar. En la pedagogía Waldorf, el contacto con la naturaleza es importante, y también dan valor a los materiales hechos por los propios niños, maestros y padres. Para la pedagogía Montessori, la autonomía de los niños en los espacios es uno de los principios más importantes.”
Decidida a comprobar la aplicación práctica de estas teorías, me pongo en contacto con Astrid Ruiz, directora de la Escola Congrés-Indians, una escuela pública de educación viva y activa. Esta escuela, que actualmente está en barracones a la espera de tener lista su ubicación definitiva, no ha abandonado por ese motivo los criterios estéticos a la hora de acondicionar sus espacios. Por el contrario, es un elemento imprescindible en su proyecto educativo, que se centra en un acompañamiento respetuoso y una atención exquisita a los aspectos emocionales. La escuela, que este curso tiene alumnos de P3 y P4, se organiza por ambientes libres (arte, laboratorio de los sentidos, juego simbólico…) y talleres (agua, lenguaje matemático, música…). En su breve experiencia de dos cursos han podido constatar que el funcionamiento ha mejorado y que las cosas fluyen mejor este segundo año pese a tener el doble de alumnos. ¿Una diferencia? La mejora en la disposición de los espacios y los materiales.
Visito los ambientes en funcionamiento durante la entrada relajada de la mañana, en que niños y padres circulan por la escuela como si estuvieran en casa, en un ambiente calmado, familiar y agradable, muy lejos del bullicio apresurado o del silencio obligado que solemos asociar al inicio de las clases. De hecho, no hay clases, hay solamente unos espacios bonitos, muy pensados, con “provocaciones” que invitan a la exploración, a la acción, a la reflexión. La decoración y la disposición de materiales y mobiliario es un reflejo de la filosofia subyacente.
Uno de los espacios que más me impresionan es L’Atelier della luce, donde se puede experimentar con las posibilidades creativas, artísticas, técnicas y científicas de la luz.
Isabel Rodríguez, la maestra responsable del ambiente, me escribe esta reflexión:
“Cuando hablamos de estética en el contexto de nuestra comunidad educativa nos referimos, obviamente, a preparar espacios amables, funcionales y ricos tanto para las familias, como para los trabajadores del centro y, por descontado, para los niños y las niñas. En este sentido, hablar de estética en la escuela es incorporar un compromiso ético con la dignidad de las personas que la habitan. Pero también es una responsabilidad pedagógica que permite a los niños y niñas establecer diálogos propios y particulares con los elementos del entorno. Para ello es imprescindible la sorpresa, la provocación y la novedad que dispone y ordena la estética.
Es de justicia decir que la inspiración viene dada de la visita que hicimos a las escuelas maternales e infantiles de Reggio Emilia promovidas por Loris Malaguzzi, los textos de Alfredo Hoyuelos y el apoyo y asesoramiento de Paola Soggia que fue un soplo de aire fresco para el planteamiento de una de las bases fundamentales de nuestra metodología: los ambientes de trabajo y circulación libre.
Asumir la estética como parte propia y elemento de identidad de nuestra cultura escolar ha permitido a los niños y niñas explorar los elementos con asombro, deteniéndose en los detalles y dando alas a la capacidad innata de la infancia de maravillarse con la vida siendo ellos, ahora, los que no nos permiten dormirnos pues, tal como me dijo una niña, hace pocos días ante una alfombra dañada, “Isabel, has de cambiarla porque necesitamos algo más bonito”.”
Salgo de la escuela con una sensación de bienestar y relajación. Ahora entiendo mejor algo que leí en el blog Cafè Pedagògic: “No se trata de generar belleza porque sí, sino de entender que la belleza es un derecho fundamental del ser humano y que afecta a su estado de ánimo y a su psicología.” Así, la belleza se convierte en un “raggio di luce” tras el cual vendrá una nueva manera de mirar las cosas, de aprender, de vivir.
Gracias a Carmen y Claudia, de Jugar i Jugar, y a Astrid e Isabel, de la Escola Congrés-Indians, por el asesoramiento para la elaboración de este artículo así como por el entusiasmo y dedicación que ponen en su trabajo.
Todas las fotos excepto la segunda (que pertenece al catálogo de Jugar i Jugar) han sido cedidas por la Escola Congrés-Indians y reflejan algunos de sus ambientes.
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¡Un arenero en casa!
Muchos de nosotros hemos creído, durante un tiempo, que ciertas actividades de los niños y niñas necesitaban una infrastructura especial, o un entorno concreto donde darse.
En el caso de la arena y la tierra, podemos pensar que la encontraremos saliendo al campo y, en las ciudades, yendo a los parques. Pero también sabemos que los parques urbanos y las zonas infantiles tienen espacios muy reducidos para la cantidad de niños que acogen, y que los pequeños y pequeñas se ven abocados muchas veces a gestionar el territorio, las herramientas que traen y el propio juego.
Disponer de un espacio con arena en casa les puede permitir experimentar en libertad, con un tiempo y un ritmo más personales, y sin emplear la energía y el interés en defender un trozo de tierra, reclamar la pala que alguien se llevó o lamentar un hermoso pastel de arena que otro chafó accidentalmente.
Si con el movimiento siempre van a preferir subirse a un arbol que a unas barras de madera, con la arena será preferible una playa a un arenero; pero en casa, en un patio, terraza o lavadero, o en alguna zona que tenga suelo de baldosa como labavo o cocina, fabricar un pequeño arenero no es imposible.
Un contenedor de plástico o un cajón grande con tapa, puede funcionar bien. Sólo es necesario que esté colocado en un lugar estable, accesible y seguro. Podemos facilitarles palas y cubos, coladores, embudos, cucharas, conchas.
Observad a vuestros niños y niñas jugando con arena en un entorno relajado, en casa. Veréis cómo su dinámica de experimentación, la concentración y el placer, son muy distintos de los que pueden disfrutar en un parque excesivamente poblado.
Y probad también a visitar un parque…¡cuando esté vacío!
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Espacios de juego
Hace ya algun tiempo, os hablamos del juego de calidad, uno de los principales motores de Jugar i Jugar.
Algunos factores determinantes del juego de calidad son el estado de conservación de los materiales y la forma como los organizamos. Esto tiene que ver con la dignidad y el valor que les otorgamos, con el respeto que trasmitimos a los niños y niñas y lo que sentimos por sus objetos de exploración y de juego.
Hoy queremos hablaros de cómo disponemos estos espacios de juego. Los padres y madres tenemos una responsabilidad y un reto importantes: retirar una parte de los materiales antiguos, organizar los nuevos, ubicarlos para conseguir unos espacios atractivos que inviten al juego espontáneo y creativo de los pequeños.
Creemos que los materiales y los espacios de juego tienen la misma importancia que los otros objetos y estancias del hogar; por eso ordenar, limpiar, decorar, es tan aplicable a nuestro dormitorio o al escritorio como a los estantes de los juguetes; a la ropa, la vajilla o los aparatos electrónicos, como al espacio en el que construyen un garaje para coches o una casa de muñecas. Sus herramientas de trabajo, de indagación y descubrimiento, son tan eficaces y útiles como nuestro ordenador portátil.
Queremos recordar también que los niños y niñas ocupan, utilizan y disfrutan de los espacios de juego cuando son espacios abiertos, sugerentes y adecuados a su estadio evolutivo y sus necesidades. Una propuesta para bebés, por ejemplo, podría ser así:
Hemos reunido algunas palabras útiles para revisar nuestros espacios de juego:
Orden. Tiene que ver con la ubicación de los juguetes, ordenados en cestos, cajas o contenedores pequeños que faciliten la diferenciación. Los contenedores grandes tienden a la mezcla i a la acumulación, mientras que los pequeños permiten ver el fondo, guardar menos volumen de objetos y no mezclar los contenidos. Orden simple, accesibilidad, evitar un ambiente muy cargado, y no olvidar que el protagonismo sea del niño, no del mobiliario.
Cantidad. Muchos de nosotros tendemos al exceso de oferta de materiales y juguetes. Los niños i niñas necesitan un número relativamente reducido de propuestas que les permitan indagar por sí mismos, y los materiales de los que puedan responsabilizarse. Una cantidad desmesurada no les aporta mayor curiosidad, ni más alegría, sino una saturación de estímulos que les desmotiva y les dispersa.
Conservación. Los objetos de juego (como nuestras herramientas de trabajo) son útiles si estan bien conservados. Si están rotos, faltan piezas, estan muy sucios o con desperfectos, los podemos reparar, limpiar o restaurar, en definitiva, cuidar de su buen estado de conservación.
Rotación. No todos los materiales deben estar disponibles en el espacio habitual de juego. Si observamos qué preferencias e intereses tienen cada niño o niña, podemos separar y retirar temporalmente una parte. Cambiar de vez en cuando los materiales, ubicación y usos del espacio es atractivo y abre la puerta a nuevas posibilidades.
Movimiento. En los espacios interiores, tendemos a olvidar o a considerar imposible ofrecer propuestas de movimiento. El movimiento es una de las principales necesidades de su desarrollo y, siendo un poco creativos, podemos incluír facilmente alguna opción en casa: hamaca, escalera, cuerda colgada, altillo con colchones, cojines de espuma polivalentes…
La expressión artística. El material de expresión plástica es un básico: papel y cartón, tijeras, lápices, ceras y pinturas, pinceles, papeles especiales, cola, cajas y envases reutilizables, o retales de cartones distintos, corcho, fieltro… Los niños exploran con gran profundidad a través de las manualidades, y a menudo se equilibran con actividad artística después de ratos de movimiento y juego más dinámico. Como en el resto de materiales, es preferible poca cantidad y de calidad que mucha abundancia de material poco sólido, y evitaremos acumular lapices rotos, ceras aplastadas o plastelina muy desgastada.
Os animamos a revisar vuestros espacios de juego y a hacer, poco a poco, pequeños cambios. ¡Seguro que vuestros hijos y vosotros os vais a sorprender!
















