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Una madre de la Escuela Itaca de Manresa nos hizo llegar ayer esta pequeña joya. Nos explicó que Fina Monell, jefa de estudios de la escuela, organiza cada 4 o 5 semanas unas tertulias con padres y madres de la escuela y en una de esas sesiones repartió este cuento. Nos ha parecido un texto muy bonito y que invita a reflexionar
Esperamos que os guste tanto como a nosotras.
Salir a la Vida
Mi madre nació y creció en el campo entre animales, pájaros y flores. Ella nos explicó que una mañana, mientras paseaba por el bosque recogiendo ramas caídas para encender el fuego, vio un capullo de mariposa colgando de un tallo. Pensó que sería más seguro para la pobre larva llevársela a casa y adoptarla bajo su tutela.
Cuando llegó, la puso debajo de una lámpara para que tuviera calor y cerca de una ventana para que no le faltara aire. Durante las siguientes horas, estuvo a lado de su protegida esperando el gran momento. Después de una larga espera, que no se acabó hasta la madrugada siguiente, la niña vio como el capullo se rasgaba y una pequeña patita peluda sacaba la nariz desde dentro.
Todo era mágico y mi madre nos explicaba que tenía la sensación de estar viendo un milagro. Pero de pronto, el milagro se volvió en tragedia. La pequeña mariposa parecía no tener fuerza suficiente para romper el tejido de la cápsula que la envolvía. Por más fuerza que hacía, no conseguía salir de la pequeña perforación del efímero habitáculo.
Mi madre no podía quedarse sin hacer nada. Fue a la habitación de las herramientas y tomó un par de pinzas delicadas y unas largas tijeras, finas y afiladas que la abuela utilizaba para los bordados. Con mucho cuidado de no tocar al insecto, fue cortando una ventana en el capullo para permitir que la mariposa saliera.
Después de unos minutos de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su prisión y caminó tambaleándose hacia la luz que venía desde la ventana.
Mi madre explicaba que llena de emoción, abrió la ventana para despedir a la mariposa en el que sería su vuelo inaugural. Pero la mariposa no salió volando, ni siquiera cuando con la punta de las pinzas mi madre la tocó suavemente. Pensó que estaba espantada por su presencia y la dejó cerca de la ventana abierta, segura de que no la encontraría cuando volviera.
Después de jugar toda la tarde, mi madre entro de nuevo en su habitación y encontró a lado de la ventana la mariposa inmóvil, las alitas estaban enganchadas al cuerpo, las patitas rectas hacia el techo. Mi madre siempre nos explicaba con cuánta angustia había llevado el insecto a su padre, para explicarle todo lo que había pasado y preguntarle qué más habría podido hacer para ayudarla. Mi abuelo, que parece que era uno de esos sabios sin estudios que corren por el mundo, le acarició la cabeza con dulzura y le dijo que no había nada más que ella hubiera podido hacer, que en realidad, la buena ayuda hubiera sido hacer menos y no más.
Las mariposas necesitan este terrible esfuerzo que significa salir de su prisión para poder vivir, porque durante estos instantes, le explicaba el abuelo, el corazón palpita con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta sangre en las alas, que de esta manera se expanden y la capacitan para volar.
Aquella mariposa a la que se ayudó a salir de su capullo nunca pudo extender las alas, porque mi madre no la había dejado luchar por su vida.
Mi madre muchas veces nos decía que le hubiera gustado aplanarnos el camino, pero entonces se acordaba de su mariposa y prefería dejarnos inyectar nuestras alas con la fuerza de nuestro propio corazón.
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A Jugar con el Bastón Gianni Rodari
Un día el pequeño Claudio jugaba en el zaguán, y por la calle pasó un anciano con los lentes de oro, que caminaba encorvado, apoyándose en un bastón, y precisamente delante del portón se le cayó el bastón.
Claudio fue presuroso a recogérselo y se lo dio al viejo, que le sonrió y dijo:
-Gracias, pero no me sirve. Puedo caminar muy bien sin él. Si te gusta, te lo regalo.
Y sin esperar respuesta se alejó, y parecía menos encorvado que antes.
Claudio permaneció allí con el bastón entre las manos sin saber qué hacer.
Era un bastón común de madera, con el mango curvo y la punta de hierro, y no se notaba nada más especial. Claudio golpeó dos o tres veces la punta en el suelo, después, casi sin pensarlo montó en el bastón y he aquí que no era más un bastón, sino un caballo, un maravilloso potro negro con una estrella blanca en la frente, que se lanzó al galope alrededor del patio, relinchando y haciendo salir centellas de los guijarros.
Cuando Claudio, un poco maravillado y un poco asustado, logró poner el pie en el suelo, el bastón era nuevamente un bastón, y no tenía cascos sino una sencilla punta oxidada, ni crines del caballo, sino el mismo mango encorvado.
-Quiero probar de nuevo -dijo Claudio, cuando logró recobrar el aliento.
Montó de nuevo el bastón, y esta vez no fue un caballo, sino un solemne camello con dos jorobas- y el patio era un inmenso desierto para atravesar, pero Claudio no tenía miedo y observaba desde lejos, para ver aparecer el oasis.
- «Ciertamente es un bastón encantado», se dijo Claudio, montándolo por tercera vez.
Ahora era un automóvil de carreras, todo rojo con el número escrito en blanco sobre el capó, y el patio una pista ruidosa, y Claudio llegaba siempre el primero a la meta.
Después, el bastón fue una motonave y el patio un lago con aguas tranquilas y verdes, y después una nave espacial que surcaba los espacios, dejando tras de sí una estela de estrellas.
Cada vez que Claudio ponía el pie en tierra el bastón tomaba su aspecto pacífico, el mango lúcido, el viejo herrete. La tarde pasó rápida entre aquellos juegos.
Hacia la noche Claudio se asomó hacia la carretera, y he aquí que ve al viejo con los lentes de oro.
Claudio lo observó con curiosidad, pero no pudo ver en él nada de especial: era un viejo señor cualquiera, un poco cansado por el paseo.
-Te gusta el bastón?, preguntó sonriendo a Claudio. Claudio creyó que se lo pedía, y se lo alargó, enrojeciendo. Pero el viejo hizo señal de que no.
-Tenlo, tenlo, dijo. ¿Qué hago yo con un bastón? Tú puedes volar, yo sólo podré apoyarme. Me apoyaré en el muro y será lo mismo.
Y se fue sonriendo, porque no hay persona más feliz que el viejo que puede regalar alguna cosa a un niño.
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Quince minutos
… que no necesitan palabras.
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Algunos deseos 2012
Si la Navidad es tiempo de encuentros y agradecimientos y Diciembre, en cierto modo, cierra un ciclo, Enero es un mes de inicios. Estrenamos calendario, y no sólo en papel o electrónico, sino también interno. Nos hacemos propósitos y nos damos objetivos, pero también imaginamos y soñamos despiertos. Es tiempo de renovación, y merece la pena creer que podemos reinventarlo todo, si nos movemos por los deseos que nos hacen crecer.
Aquí van algunos de los nuestros, anotados como en un post-it en la nevera, al lado de la lista de la compra. Para que no nos falten estos ingredientes en la despensa. Para no perderlos de vista.
¿Cuáles son los vuestros?
Un puñado de sueños nuevecitos para llevar en los bolsillos.
Una mirada abierta para dejarnos sorprender cada día.
Un rato para recordar lo que merece la pena.
Una apuesta tozuda por las iniciativas que nos motivan.
Una curiosidad viva para preguntar y para preguntarnos.
Un justo equilibrio entre fuerza y ternura.
Y una aventura, larga y fructífera, para compartir con vosotros.
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Así como la danza nos cuenta algo
que sólo con danza se puede contar,
los juegos enseñan cosas
que sólo los juegos pueden enseñar,
y que no pueden traducirse en palabras.
Luís M. Pescetti
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Mira lo que he hecho: un árbol de otoño
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Prohibido subirse a los árboles
“¡Hay una escuela que permite a los niños y niñas subirse solos a los árboles del patio!”.
No me cuesta mucho imaginar un titular como éste en las portadas de los periódicos en un futuro próximo, porque los juegos a los que tienen acceso nuestros hijos son de bonitos colores, pero tan domesticados que no estoy muy seguro de que merezcan el nombre de juegos.
Hoy el juego debe tener absolutamente garantizada la seguridad. Que ningún niño o niña se pueda hacer daño. Pero de esta manera estamos negando a las criaturas la posibilidad de la experiencia aventurera. Entiendo perfectamente que los maestros quieran ser previsores para ahorrarse problemas en caso del más pequeño accidente, pero me pregunto si un niño que no ha tenido ninguna posibilidad de romperse un brazo ha disfrutado realmente de una infancia. Me viene a la mente ahora el niño Pío Baroja soñando con el mar desde las ramas más altas de un árbol, en un parque de Pamplona. Al regresar a casa leía Werther, Robinson, La Isla Misteriosa, y armaba una auténtica esquadra de barcos de cartón que botaba en una fuente cercana a su casa. A mi me hubiera gustado –recuerda en sus memorias- ser como Robinson Crusoe, y cuando tenía esta aspiración me subía, al anochecer, a mi árbol y soñaba con islas desiertas”.
Hoy ningún árbol puede competir en atractivos con la pantalla de un ordenador. Quizá la pantalla sea el camino hacia el futuro, pero entonces ese futuro lo veo lleno de personas sedentarias, torpes y con sobrepeso, que jamás se han subido a un árbol. Probablemente tendrán acceso a todo tipo de imágenes, pero no se habrán hecho suya ninguna, mientras, sentados sobre la rama de un árbol, balancean sus piernas sobre el vacío.
Gregorio Luri es Doctor en filosofía y educador
Publicado en el suplemento Criatures del periódico ARA (12 de noviembre 2011).
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Los juegos de los niños
Josep Puig i Pujades (Figueres 1833-Perpinyà 1949), escritor y activista cultural, fue alcalde de Figueres (Girona), Comisario Delegado de la Generalitat de Catalunya y Consul de la República Española en Lyon. Se exilió a Francia en 1939.
“Los juegos de los niños” recoge una reflexión entorno al juego infantil y una propuesta de actuación municipal; se publicó en “L’Autonomista” en abril de 1933.
Diari de Girona, 9 de octubre de 2011.
Los juegos de los niños
Desde el punto de vista biológico y social, el juego aparece como un hecho importante, que permite clasificar los seres en la jerarquia de las especies. Los animales inferiores no juegan. La tendencia a jugar en un ser vivo prueba que es capaz de elevarse, en ciertos instantes, por encima de la preocupación material de su subsistencia. Schiller dijo que en la especie humana, la aparición del juego marca el paso del estado de barbarie primitiva al estado de civilización.
Es sobretodo en la vida del niño cuando el juego tiene un lugar preponderante. Cuando juega, da libre paso a sus aptitudes y revela las disposiciones más íntimas de su alma. Él debe al juego su primer conocimiento del mundo; por el juego determina a menudo la dirección futura de sus gustos y la orientación misma de su vida. Muchos son los pedagogos que han juzgado la gran trascendencia de los juegos infantiles. Al revés que el hombre maduro, que quizá encuentra en el juego la ocasión de recrearse para la utilización de su excendente de fuerzas, el niño no descansa cuando juega; más bien podemos afirmar que se cansa jugando; no es el superávit de su actividad lo que destina a ello sino, a menudo, la totalidad de sus fuerzas: el juego es su trabajo.
La utilidad del juego en la vida infantil es indiscutible. Afirmar que el niño que juega se prepara para la vida no significa que el niño se convierta en un buen soldado porque de pequeño jugaba a las guerras, no. La preparación de la vida a través del juego no consiste en el aprendizaje directo de las funciones que deberá ejercer en el curso de su existencia, sino más bien en el ejercicio general de los órganos y de las facultades que más tarde seran necesarias para la ejecución de aquellas funciones. El niño que jugando a las guerras con sus compañeros corre y salta y da golpes i los recibe, combina un ataque con un plan de defensa. Fortifica sus músculos, ejerce su voluntad, desarrolla su espíritu de iniciativa y de decisión y sus cualidades de coraje.
El juego es por encima de todo un excelente educador de los sentidos; del tocar, de la vista, del oído. De los primeros objetos que uno pone en las manos del niño son los juguetes, y de ellos le vienen las primeras sensaciones, las que en accionar sobre un alma nueva, reaccionan vivamente dejándole huellas perdurables. Por los juegos y los juguetes el niño se inicia en el mundo de las formas, los colores y los sonidos; por ellos puede adquirir desde sus primeros pasos el sentido de la belleza.
Como demócratas que somos, no podemos permitir que esta educación quede exclusiva de los poderosos, que a menudo tampoco se ocupan de esto tan delicado y poderoso que es la infancia.
Este derecho al juego y a los juegos debe ser reconocido a todas las clases sociales que deben merecer de nuestro Ayuntamiento, nacido de la voluntad del pueblo, el celo y cuidado más exquisitos.
Ahora bien; debiéndose de construir delante de la escalera de entrada del Parque-Bosque Municipal, en los terrenos que lindan con el Paseo Nuevo, un paseo que unirá la carretera de Llers con la de Besalú a Roses, el concejal que suscribe tiene el honor de proponer al Consistorio:
Que se rectifique el proyecto aprovado, en el sentido de dejar libre la zona mencionada, en parte adquirida y en parte por adquirir por este Ayuntamiento, para que sea destinada a paseos de recreo para los niños, encargándose al señor Arquitecto municipal el oportuno proyecto.
No obstante, el Consistorio acordará lo que crea más pertinente.
Casas Consistoriales,
30 marzo de 1933.
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El pequeño equipo
Nos ha encantado esta pequeña y maravillosa pieza.
Nos vienen muchas cosas a la cabeza (y al corazón) viéndola. Como… resulta que es posible vivir un juego considerado competitivo (el futbol) con un espíritu nada competitivo. O el placer de jugar y jugar y jugar, al margen de los resultados. O el encanto de un equipo que disfruta haciendo piña. O la actitud del entrenador y de las familias, que… sí, puede ser generosa, divertida, abierta… insubornablemente positiva. O cómo crear un pequeño equipo con objetivos a su medida… como meter un gol. Un solo gol. Al menos para empezar.
Con todos vosotros, el Margatània FC. Una delicia absoluta.
Lo podéis ver con subtítulos en inglés. El pequeño esfuerzo merece la pena.
l’equip petit from el cangrejo on Vimeo.
















